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IMAGENES

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Estando en el silencio de la noche inmaculada,
imágenes y sueños se llegan a mi alma.

Yo sueño con la vida, que late entrelazada
al viento y a los ríos, a campos y montañas;
y sueño con los mares, océanos y playas.

Yo sueño en la penumbra,  del bosque y sus entrañas,
el cantar de las aves, escucho en la distancia,
platico con los árboles y juego entre sus ramas.

Yo viajo al infinito, dictamen de la nada,
respiro los acordes, de notas endiosadas,
querubes me saludan, sonríenme las hadas.

Yo nado en lo profundo, del lago de mis ansias,
engendro los misterios, de azules añoranzas,
navego mar adentro, a solas con mi barca.

Yo sueño indefinida, solaz y complaciente,
¡gaviotas, golondrinas! se cruzan en mi frente,
dibujo los paisajes, con versos de pinceles.

Yo sueño en el amor, ¡aquel que desfallece!
que arde en la nostalgia, ¡que vive, sueña y muere!
y sueño con los siglos, dorados que se pierden.

Yo sueño con el mundo, de hombres y mujeres,
espíritus humanos, soñados dulcemente,
y sueño en esa vida, ¡la otra!…diferente.

Yo  sueño detenida, a múltiples andanzas,
y el cantar pastoral, que silba en las montañas,
¡aquellas que vigilan, los prados de mi alma!

Yo sueño con la vida, navego así en mi barca,
traspaso así los límites, del tiempo entrelazada,
atando así en mi verso, dos mundos que se abrazan.

¡La vida en cada sueño, en cada sueño el


MIRIAM RAMOS RAMOS

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SENSACIONES

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Hilbanaba un pensamiento, de luz y de poesía
pensaba y se extasiaba, inquieta el alma mía.

Un aura de misterios, fugaces fantasías
silencios evocados, ¡sombras repentinas!

Así marcaba el tiempo, las horas de la vida
minutos endiosados, segundos en cuclillas.

Todo era fugaz, ¡de pronto! y sin medida
¡la sombra del minuto, crecía y se reía!

Oí la voz del viento, en súplicas vertidas
“se está muriendo lenta, aquella luna antigua”.

Y yo en la penumbra, sintiendo que sentía
apresuré el letargo, saciándome la huida.

Me vestí de ángel, gaviota y golondrina
azules y rosadas, mis alas invertía.

Antes de que cayera, en páramos la lira,
apacigüé el minuto, ¡besándome la vida!

Oí la voz del viento, en gratitud vertida
“parece que la luna, despierta amanecida”.

Entonces la secuencia, de ideas encendidas
se bautizó en fragmentos, de luz y de poesía.

¡Y prosiguió muy cautelosa, erguida el alma mía!


Miriam Ramos Ramos